miércoles, 1 de mayo de 2019

¿Te gustan los trabalenguas?


El otro día Dave y yo estuvimos practicando trabalenguas, tanto en inglés (“If a dog chews shoes, whose shoes does he choose?” “Peter Piper picked a peck of pickled peppers. A peck of pickled peppers Peter Piper picked. If Peter Piper picked a peck of pickled peppers? Where's the peck of pickled peppers Peter Piper picked?”) como en español (“El cielo está enladrillado, quién lo desenladrillará, el desenladrillador que lo desenladrille, buen desenladrillador será”). En seguida nos dimos cuenta que, si los trabalenguas son difíciles en tu primera lengua, en tu segunda lengua son casi imposibles. 

Lo que distingue a un trabalenguas de una frase normal es la repetición de ciertos sonidos. Por ejemplo, en el trabalenguas “Pablito clavó un clavito, ¿qué clavito clavó Pablito?” la confusión viene de repetir los sonidos “bl” y “cl.” Al estudiar el efecto de los trabalenguas con técnicas de neuroimagen (Keller, Carpenter, Just, 2003), se ha visto que no sólo activan áreas del cerebro asociadas con el habla, sino que también activan zonas del cerebro encargadas del procesamiento de los sonidos. Además, los trabalenguas generan errores independientemente de si los dices en alto o de si los lees para ti mismo (Corley, Brocklehurst, & Moat, 2011). Al estudiar el efecto de los trabalenguas en gente bilingüe se ha visto que cometen más errores que los monolingües, y que esta desventaja emerge aunque los bilingües no tengan acento extranjero y hablen el idioma del trabalenguas desde pequeños (Gollan & Goldrick, 2012).

Al parecer cuanto más familiarizado estás con ciertos sonidos más fácil te es pronunciar un trabalenguas sin errores. Para mí es casi imposible decir: “How much wood would a woodchuck chuck if a woodchuck could chuck wood? He would chuck, he would, as much as he could, and chuck as much wood, as a woodchuck would if a woodchuck could chuck wood.” Las personas bilingües tienen menos práctica con los sonidos específicos de cada idioma, lo que parece resultar en más errores al decir un trabalenguas. Después de varios intentos, Dave y yo nos decantamos por pronunciar los trabalenguas cada uno en nuestro idioma. 

lunes, 1 de abril de 2019

¿En qué idioma discutes?


Hay veces en que es mejor tener un poco de distancia emocional. Recientemente he estado trabajando en una propuesta para crear un centro de “Big Data” en nuestro campus. Un centro de estas características requiere coordinar a mucha gente en distintos departamentos (matemáticas, informática, psicología…), así que sin comerlo ni beberlo me he visto inmersa en la política de mi universidad. El hecho de que todas estas conversaciones sean en inglés puede haberme ayudado. ¿Es verdad que al procesar información en tu segunda lengua lo sientes menos?

El idioma en el que hablas influye en las decisiones que tomas. En concreto, sabemos que procesar información en tu segunda lengua te hace pensar más despacio, por lo que tomas decisiones de forma más calculada y te dejas llevar menos por la intuición (Costa, Vives, & Corey, 2017). Se ha visto que al hablar en tu segunda lengua la intensidad de tus emociones es menor. Este descubrimiento tiene implicaciones importantes para contextos clínicos, ya que utilizar la segunda lengua con pacientes bilingües puede reducir su miedo (García-Palacios, Costa, Castilla, del Río, Casaponsa, & Duñabeitia, 2018).

En el contexto laboral tomar decisiones de forma racional puede ser una ventaja, pero esta baja intensidad emocional puede ser una desventaja en el contexto personal. En ocasiones, en medio de una discusión Dave me ha dicho lo fría que soy. Aunque puede ser verdad que me tome las cosas de forma más pragmática que la mayoría (al fin y al cabo, soy científica), también puede ser que el tener la discusión en inglés me haga más distante y menos capaz de empatizar. Ya le he dicho a Dave que tenemos que empezar a discutir en español, a ver cómo de racional se vuelve. 

viernes, 1 de marzo de 2019

¿Son los emoticonos un lenguaje universal?


Cuando nos comunicamos a través de mensajes de texto es importante poder expresar nuestras emociones. Una opción es usar onomatopeyas pero, de la misma forma que el gallo hace “kikiriki” en español y "cock-a-doodle-doo" en inglés, la gente se ríe “je je” en español y “he he” en inglés. Una alternativa que parece ser universal son los emoticonos. Cuando mi madre (española) y mi suegra (americana) se mandan mensajes, añaden un montón de sonrisas, corazones, y signos de exclamación que no necesitan traducción. Al parecer gente de distintos países, y con distintas lenguas, no tiene problemas para entender el significado de los emoticonos.

Los usos culturales de los emoticonos pueden ser distintos. Por ejemplo los japoneses, para los que ser educado es muy importante, utilizan más emoticonos que los americanos (Kavanagh, 2016). Sin embargo, la interpretación de su significado parece ser equivalente independientemente de la lengua y la cultura. Las compañías de teléfono han estandarizado los emoticonos, con lo que se están convirtiendo en símbolos que todo el mundo reconoce. Está surgiendo un lenguaje universal que puede derribar barreras lingüísticas (Azuma & Ebner, 2018).

Las cosas triviales son muy fáciles de transmitir con emoticonos, pero (en mi opinión) cuando quieres mandar un mensaje serio no aportan mucho. Por ejemplo, si mandas un mensaje a alguien preguntando por un enfermo, los emoticonos parecen fuera de lugar. Aunque los haya tristes, como la cara llorando, parecen demasiado banales para un mensaje sobre un tema importante. La posibilidad de eliminar barreras lingüísticas es interesante, pero no estoy segura de que los emoticonos vayan a ser lo suficientemente sofisticados como para escribir sólo con ellos. Yo los considero una connotación que puede aportar mucho a la comunicación escrita, pero no un lenguaje en sí mismos.

viernes, 1 de febrero de 2019

¿En qué idioma hablas con tu perr@?


Dave y yo tenemos una perrita en casa. Se llama Luna, es una Malamute de Alaska, y acaba de hacer tres meses. Aunque en general es tranquila, hay veces que (como todos los cachorros) las lía pardas; le encantan mis zapatillas y salir corriendo con una es su juego favorito. Luna es una monada y cuando estoy con ella suelo contarle cosas en español. Al pasar tanto tiempo charlando con Luna me pregunto: ¿Cómo habla la gente con sus perros?

Cuando nos dirigimos a niños pequeños solemos subir el tono, pronunciar de forma exagerada, y poner mucho entusiasmo. Se ha visto que al dirigirnos a un perro también subimos el tono y ponemos entusiasmo, pero lo de articular de forma exagerada es sólo con los niños (Burnham, Kitamure, & Vollmer-Conna, 2002). En un experimento hecho en Australia han descubierto que la gente articula más con los niños, seguido de los loros, y menos con los perros (Xu, Burnham, Kitamura, & Vollmer-Conna, 2013). La forma en que articulamos al hablar parece depender de la capacidad de entendimiento que esperamos de nuestra audiencia. Sin embargo, es interesante descubrir que independientemente del nivel de entendimiento del animal, cuando jugamos con un perro solemos comunicarnos como si estuviésemos en una conversación (Mitchell, 2004). Al parecer, aunque no articulemos de forma exagerada, tener conversaciones con un perro es algo de lo más normal.

Lo mejor de hablar con Luna en español es que puedo utilizar mis expresiones, refranes, y frases hechas favoritas, incluso las que no tienen traducción directa al inglés. Aunque a veces estoy hablando en inglés y tengo que darme cuenta de cambiar de idioma, en general me es muy fácil contarle cosas en español. Una ventaja añadida es que es una buena excusa para que Dave vaya haciendo oído. Entre los dos vamos a hacer a nuestra perra bilingüe :D

martes, 1 de enero de 2019

¿Cómo se traducen las frases hechas?

A Dave y a mí nos gusta debatir qué lengua es más completa y con cuál se pueden expresar mejor ciertas cosas. Lo más divertido es encontrar frases que no tienen una traducción literal y pensar en cómo se dirían en el otro idioma.

Los “modismos” (“idioms” en inglés) son expresiones cuyo significado no es literal sino metafórico. Por ejemplo, “que no estamos de pies en la nieve” significa que no tenemos prisa, pero esta idea no puede deducirse directamente de las palabras que componen la frase. El hecho de que el significado metafórico tenga prioridad sobre el significado literal hace que los modismos sean difíciles de traducir (Adelnia & Dastjerdi, 2011). Un estudio con fMRI encontró diferencias en cómo la gente procesa el significado metafórico y el literal. En concreto, para procesar el significado literal de los modismos se activan zonas del hemisferio derecho que no son necesarias para procesar su significado metafórico (Mashal et al., 2008).

Otro asunto interesante con respecto a los modismos es si se usan más en unos idiomas que otros. A todos nos gusta pensar que nuestro idioma es especial, pero es importante contestar a esta pregunta de forma empírica. Boers y Stengers (2008) compararon la prevalencia de las frases hechas en español y en inglés, y concluyeron que los dos idiomas usan modismos en la misma proporción. Es importante recalcar que, aunque la proporción sea la misma, el contenido es distinto en cada idioma. En concreto, en inglés hay muchas expresiones asociadas con deportes de pelota ("to have two strikes"), y en español hay muchos modismos derivados de la religión ("para más inri").

La cultura tiene un papel muy importante en las expresiones de la vida cotidiana. Para traducir un modismo hay que explicar no sólo el sentido de la frase sino el contexto del que viene. Se puede descubrir mucho de un sitio aprendiendo su idioma.

sábado, 1 de diciembre de 2018

¿Qué género tienen los instrumentos musicales?

Hace unos años, en una reunión del laboratorio del lenguaje, una de mis compañeras que está interesada en la relación entre la música y el lenguaje nos explicó que los instrumentos tienen género. De la misma forma que es posible percibir si una voz es masculina o femenina, es posible percibir si un instrumento musical es masculino o femenino. En Estados Unidos la gente considera ciertos instrumentos (flauta, arpa…) femeninos y otros (trombón, tambor…) masculinos (Griswold & Chroback, 1981). 

La pregunta es: ¿Qué género tienen los intrumentos como la tuba? Según los americanos es masculina. Siempre la tocan los chicos, es grande, pesada, y grave (Stronsick, Tuft, Incera, and McLennan, 2017). Sin embargo, en español la tuba tiene género gramatical femenino. A mí me parecía que los españoles iban a considerar el género de los instrumentos musicales según su artículo gramatical. A mis colaboradores estadounidenses les parecía que iban a considerarlo según sus otras características (tamaño, sonido…). Para contestar a esta pregunta decidimos hacer un experimento. Comparamos las respuestas de ingleses nativos de Cleveland y españoles nativos de Santander. Los resultados de esta investigación acaban de salir publicados en la revista “Mind & Language” (Incera, McLennan,Stronsick, & Zetzer, 2018). Al final no teníamos razón ninguno. 

Los españoles utilizan toda la información a su disposición y consideran “neutros” (ni claramente masculinos ni claramente femeninos) los instrumentos con un género gramatical que no coincide con sus otras características. Estos resultados indican que la gramática, concretamente el artículo que va delante de la palabra, influye en cómo los españoles conceptualizan el género de objetos inanimados. La forma en que hablamos influye en cómo pensamos.

jueves, 1 de noviembre de 2018

¿Qué pasa cuando la letra de la canción y el movimiento del baile no coinciden?

Me gusta ir a clases de Zumba, clases de baile que combinan música latina e internacional. El ejercicio me viene bien y además me motiva oír canciones en español. El único problema es que en EEUU los que dan la clase no suelen saber español, así que ignoran lo que dice la letra de la canción. Por ejemplo, cuando la canción dice “hacia arriba” todos van para la derecha, a mi esta desincronización me desorienta mucho. 

En un experimento en la Universidad de Wisconsin los participantes tenían que juzgar si ciertas frases requerían un movimiento hacia sí mismos (“abre el cajón”) o hacia afuera (“cierra el cajón”). Para contestar los participantes tenían que apretar un botón cercano a su cuerpo o un botón alejado de su cuerpo. Cuando la frase y la posición del botón coincidían (cuando veas frases que requieran una acción hacia ti mismo aprieta el botón más cercano a tu cuerpo), los participantes respondían mucho más rápido que cuando las frases y la posición del botón no coincidían (cuando veas frases que requieran una acción hacia ti mismo aprieta el botón más alejado tu cuerpo). El “efecto de compatibilidad de acción-frase” demuestra que el lenguaje y el movimiento del cuerpo están mucho mas conectados de lo que previamente se pensaba
(Glenber & Kaschak, 2002).*

Aunque hace tiempo que no me pierdo en clase de Zumba, cuando la letra de la canción y el baile no coinciden me lio fijo. Si oigo “hacia arriba” yo voy para arriba, da igual lo que el resto de la clase este haciendo. Según la teoría de la cognición corporizada (embodied cognition) los seres humanos pensamos con el cuerpo entero. Debería ir haciéndome a la idea de que cuando la canción da instrucciones que nadie más entiende es probable que me haga un solo.  


*(11/19/18) Es importante tener cuidado a la hora de interpretar esta información porque en un meta-análisis presentado en la conferencia Psychonomics (2018) no pudieron replicar este resultado.


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Sara Incera obtuvo la Licenciatura en Psicología en la Universidad de Salamanca, el Doctorado en Psicología en la Cleveland State University, y actualmente reside en Lexington (EEUU) donde trabaja como profesora universitaria en la Eastern Kentucky University.

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