jueves, 1 de febrero de 2018

¿Procesas tus dos lenguas a la misma velocidad?

Los viernes por la tarde suelo hablar con mis padres. A veces es la primera vez que hablo en español en toda la semana, y la verdad es que hay días que “se me lengua la traba” (se me traba la lengua). No ha sido siempre así, pero de un tiempo a esta parte me he ido dando cuenta de forma gradual de que hay palabras que se me atascan, principalmente palabras específicas sobre temas poco frecuentes. ¿Qué le está pasando a mi español?

En un artículo que acaba de salir impreso (Incera & McLennan, 2018), mi mentor y yo medimos lo rápido que responde la gente en cada una de sus lenguas. Los resultados del experimento indican que cuando el contexto facilita una lengua, esta se procesa más rápido. Por ejemplo, si las instrucciones y las opciones de respuesta están escritas en inglés, los participantes contestan más rápido en inglés, independientemente de que su lengua dominante sea el español. Cuando el contexto claramente enfatiza una de las lenguas, la otra pasa a un segundo plano. Según la evidencia científica las dos lenguas de un bilingüe están siempre activadas (Schwartz & Kroll, 2006), pero no tienen porqué estar activadas al mismo nivel. De hecho, es normal que una lengua esté más presente en la mente del hablante que la otra. 

Estos efectos te pueden influenciar en poco tiempo. Después de volver de pasar en España dos semanas, Dave fue a un Starbucks en medio de Kentucky y dijo: “café solo, por favor.” En cuanto vió la cara de la chica rectificó inmediatamente: “coffee, please.” Si pasas un tiempo inmerso en una lengua (o si repites la misma frase todos los días) las palabras en ese idioma están muy accesibles y te salen de forma casi automática. A mí después de pasar una semana en Santander me vuelve la fluidez de siempre.     

lunes, 15 de enero de 2018

¿Cuándo prefieres leer en tu primera o segunda lengua?

Durante mi año en Irlanda me tiraba horas para entender cada capítulo del libro que tenía que estudiar. Al volver a España me sentí super inteligente, podía leer muchísimas más páginas en la mitad de tiempo. Es interesante considerar la posibilidad de que la dificultad añadida de estudiar en una lengua que no dominas del todo resulte en un esfuerzo que a la larga pueda mejorar el aprendizaje. Sin embargo, si le preguntas a cualquier estudiante deslomándose con el traductor, estoy convencida de que te diría que prefiere estudiar en una lengua que conoce bien.

Se ha investigado si estudiar en tu primera o segunda lengua afecta al aprendizaje. No hay diferencias cuando se evalúa a los alumnos con preguntas de verdadero/falso (cuando hay que reconocer el material), pero en preguntas de desarrollar (cuando hay que explicar el material) aquellos que han aprendido un texto en su segunda lengua lo hacen peor (Vander Beken & Brysbaert, 2017). Incluso después de 30 días sigue sin haber diferencias cuando se usan preguntas de verdadero/falso (Vander Beken, Woumans, & Brysbaert, 2017). Considerando estos resultados, parece más adecuado evaluar a alumnos que tienen que estudiar en su segunda lengua con exámenes de reconocimiento que con exámenes de desarrollar.

A estas alturas leo a la misma velocidad en inglés que en español. Me gusta leer libros de psicología en inglés, porque hay términos que a veces no tienen una traducción clara. Sin embargo, independientemente de que la versión original sea en un idioma u otro, prefiero leer novelas en español. Estas navidades he leído Origen (Dan Brown), Una Columna de Fuego (Ken Follett), y Los Pacientes del Doctor García (Almudena Grandes), siempre la versión en español que me permite meterme más en la historia. Leer en un idioma u otro es una elección personal. 

lunes, 1 de enero de 2018

¿Qué hacen bien y qué hacen mal los traductores automáticos?

Mi madre española (Maite) y mi suegra americana (Lori) se comunican por WhatsApp. Maite no habla inglés y Lori no habla español, así que cada una lo pone en su idioma y luego lo traducen. ¿Son correctas las traducciones de Google? Cuando las frases son concretas (¡qué foto más bonita!) la cosa va bien, pero con frases más abstractas (¡esto es la bomba!) la cosa se complica.

Para que un ordenador aprenda a traducir, lo más importante es tener muchos ejemplos. Es posible utilizar la puntuación BLEU (Papineni, Roukos, Ward, & Zhu, 2002) para analizar con qué exactitud los ordenadores traducen un texto en comparación con una traducción humana. El análisis de sentimientos (Pang & Lee, 2008) es una técnica informática que permite al ordenador identificar si un texto es positivo o negativo. Este análisis puede mejorar las traducciones automáticas al proporcionar un contexto emocional al texto. Para mejorar la calidad de estos procesos es importante tener muchos textos con una gran variedad de expresiones lingüísticas (Boiy & Moens, 2009). Cuantos más textos traducidos correctamente tengamos, más capaces van a ser los ordenadores de hacerlo bien.

Este blog se puede traducir al inglés haciendo clic en la página con el botón derecho del ratón. Al traducir “Emociones en tu segunda lengua ¿“I Love You” o “Te Quiero”?”, he notado que el texto en inglés se refiere a la profesora Catherine como a él (en español “su” es para hombre y mujer). Además, la expresión “¡No te da vergüenza!” es traducida como “no te avergüences”, justo lo contrario de lo que quiere decir. Cuando en mi clase de psicología del lenguaje explico expresiones coloquiales españolas (“más cara que espalda” “ponerse las pilas” “tirar los tejos” “tomar el pelo” “dar la lata”), mis alumnos americanos se “parten de la risa.” Estas frases no se pueden traducir de forma literal, hay que traducir su sentido figurado cosa que a los ordenadores les cuesta bastante.

Maite y Lori (que se llevan muy bien y son muy entusiastas) ponen muchos signos de exclamación y sonrisas para enfatizar el sentido del texto. Las frases traducidas a veces suenan raras, pero en general es posible entenderlas. Gracias a los traductores automáticos, dos personas que no hablan la misma lengua pueden comunicarse (aunque para ser sinceros, lo que más hacen es compartir fotos nuestras). 

viernes, 1 de diciembre de 2017

¿Cuáles son los beneficios cognitivos de aprender una lengua informática?

En varias publicaciones he comentado que hablar más de una lengua tiene beneficios cognitivos (Incera & McLennan, 2016; Incera & McLennan, 2017). Cuando me pongo a hablar de bilingüismo, mi marido siempre me dice que él sabe más lenguas que yo. Dave es informático y sabe programar en VisualBasic.NET, HTML/CSS, Ruby, Batch, Powershell, TSQL/PLSQL, jQuery, Regex, and C#.NET. ¿Tiene beneficios cognitivos el conocer una o varias lenguas informáticas?

Según un meta-análisis citado más de 100 veces, estudiantes que tienen experiencia con una lengua informática tienen mejores resultados en test que miden habilidades cognitivas que aquellos que no han aprendido a programar (Liao & Bright, 1991). Aunque hay que tener cuidado de no sacar conclusiones precipitadas, la evidencia científica parece indicar que saber programar es beneficioso.

Un experimento interesante seria asignar de forma aleatoria a estudiantes a clases de informática, idiomas, o alguna otra cosa. De esta forma podríamos evaluar a los alumnos antes y después de cada clase y medir cuanto mejoran. Con este procedimiento se puede investigar empíricamente si las ventajas cognitivas de aprender una lengua extranjera y una lengua informática son equivalentes.

A día de hoy no sabemos la magnitud ni la duración de estos efectos. Además, la mayoría de estas investigaciones se han hecho en aulas. Sería importante investigar a programadores profesionales para evaluar si ciertas lenguas son más beneficiosas que otras, si influye el número de años programando o el número de lenguas usadas. Estas y otras cuestiones pueden ser contestadas de forma empírica.  

Al parecer voy a tener que dar la razón a Dave. Aunque aún quedan algunas preguntas sin respuesta, es razonable concluir que aprender una lengua (extranjera o informática) es una buena idea. Resulta que saber programar en R (una lengua informática para análisis estadísticos) me va a venir mejor de lo que pensaba. Tanto desde el punto de vista profesional como cognitivo, es beneficioso saber distintas lenguas informáticas y extranjeras.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Poesía en tu segunda lengua: ¿Sientes lo mismo?

Me encanta leer poesía, desde Gloria Fuertes hasta Bécquer, incluyendo a Pablo Neruda y con una mención especial a Rafael Alberti y sus poemas sobre el mar (yo también echo de menos la costa). Además, me gusta escribir poesía, de pequeña hasta gané un concurso de poesía con un poema sobre mi cole. Sin embargo, en inglés los poemas no me dicen tanto, no me llegan tan adentro, no me inspiran como cuando leo poesía en español. ¿Tiene la poesía la misma intensidad en tu segunda lengua?

David Hanauer da clases a alumnos extranjeros y les enseña a leer y escribir poesía en inglés. Hanauer (2012) anima a sus estudiantes a escribir en inglés de forma autobiográfica, emocional y con ejemplos personales. Después de analizar más de 800 poemas escritos por sus alumnos, ha llegado a la conclusión de que escribir poesía en una segunda lengua es posible. Según su análisis lingüístico, los alumnos extranjeros incluyen en sus poemas más palabras emocionales (7%) que palabras neutras (3%), lo que indica que son capaces de escribir con emotividad (de media el 5% de las palabras escritas en novelas literarias son emocionales). Además, la poesía escrita por alumnos extranjeros expresa su vida emocional. Hanauer (2001) recomienda leer poesía a los alumnos que tienen un conocimiento de su segunda lengua un tanto avanzado para (1) mejorar sus capacidades lingüísticas, y (2) mejorar su conocimiento de la nueva cultura.

Se han investigado aspectos lingüísticos, pero no está muy claro como la gente "vive" la poesía en una segunda lengua. Para contestar a esta pregunta necesitamos hacer un experimento. Primero tenemos que seleccionar a un grupo de bilingües (por ejemplo, español e inglés) y asegurarnos de que la mitad son nativos de uno de los idiomas y la otra mitad del otro. Después tenemos que seleccionar poemas en los dos idiomas con distintos niveles de emocionalidad, y pedir a los participantes que los evalúen para poder comparar. En mi opinión, la capacidad para entender el poema va a ser equivalente en los dos grupos, pero la intensidad de las emociones que les evoca la poesía va a ser distinta. Aunque todos evalúen los mismos poemas, yo creo que los nativos españoles van a considerar los poemas españoles como más emotivos, y los nativos ingleses van a considerar los poemas ingleses como más emotivos. 

¿Crees que pierdes algo del poema cuando lo lees en tu segunda lengua? ¿Te evoca la poesía las mismas emociones en todas tus lenguas? ¿Es una cuestión de práctica o depende de la época de tu vida en la que aprendiste tu segunda lengua? Hasta ahora las investigaciones se han centrado en la forma y el contenido del poema, yo creo que es hora de investigar las emociones que la poesía genera en los lectores (para más información lee: Emociones en tu segunda lengua ¿“I Love You” o “Te Quiero”?). 

lunes, 6 de noviembre de 2017

Factores que no tienen nada que ver con el hablante influyen en tu evaluación de lo extranjero de su acento

Enseño estadística a estudiantes de psicología. Lo curioso es que mis alumnos notan mi acento español (en inglés) mucho más cuando les enseño conceptos complejos que cuando les explico ideas sencillas. ¿Cambia tanto mi acento de una clase a otra? ¿Es posible que la misma persona suene más o menos extranjera dependiendo de factores que no tienen nada que ver con lo extranjero de su acento?

En un experimento que acabamos de publicar (Incera, Shah, McLennan,& Wetzel, 2017), pusimos palabras grabadas por hablantes extranjeros (agua) al final de una frase previsible (se bebió un vaso de… agua) y al final de una frase sin sentido (se sentó a la sombra del… agua). Aunque la grabación era la misma, los oyentes evaluaron al hablante como más extranjero cuando la frase no tenía sentido.

Además de conseguir que un hablante suene más extranjero, también es posible hacer que suene más nativo. Cuando los oyentes tienen que recordar una serie de números a la vez que evalúan los acentos (una tarea que les mantiene ocupados), consideran las mismas grabaciones de hablantes extranjeros como más nativas (Incera, Bonath, & McLennan, en preparación).

Por último, el estado de ánimo del oyente también puede influir en la evaluación de los acentos (Incera, en preparación). En un análisis preliminar (esperamos completar el experimento en el 2018), hemos visto que la misma grabación es evaluada como “menos extranjera” cuando los oyentes están tristes (después de haber visto un video trágico) que cuando están contentos (después de haber visto un video divertido).

Factores totalmente independientes de los hablantes influyen en cómo de extranjeros los perciben los oyentes. Todos tenemos un acento, lo que hace que sea nativo o no es la forma en la que hablan la mayoría de las personan en un área concreta. Para aquellos que, como yo, tienen un acento extranjero en uno de sus idiomas, es importante saber cómo te perciben tus interlocutores. 

domingo, 29 de octubre de 2017

Emociones en tu segunda lengua ¿“I Love You” o “Te Quiero”?

Nos conocíamos desde hacía seis meses, era una mañana de verano y estábamos en los acantilados del faro de Santander (mi ciudad natal). Se giró hacia mí, me miró a los ojos, y me dijo “I Love You.” Yo sabía lo que me estaba diciendo, lo que significaba para él, pero la frase no me dijo nada. Entonces le pregunté ¿me lo puedes repetir en español?   

La profesora Catherine Caldwell-Harris ha publicado diversos artículos en los que habla de cómo las emociones asociadas con tu primera y tu segunda lengua pueden ser distintas. En uno de sus estudios (Harris, Aycicegi, Berko Gleason, 2003), midió la reacción emocional de los participantes con unos electrodos que se ponen en la piel, y observó que los bilingües reaccionan más a palabrotas y riñas (¡No te da vergüenza! ¡Vete a tu habitación!) en su primera lengua. El lugar y el contexto en el que se aprende una lengua (en casa o en el trabajo) tiene repercusiones a nivel emocional (Caldwell-Harris, 2015).

Se ha visto que los efectos desaparecen en aquellos que han aprendido ambas lenguas de pequeños (Harris, 2004). También se ha observado que gente bilingüe que habla muy bien sus dos lenguas tiene una respuesta emocional parecida en ambas (Eilola, Havelka, & Sharma, 2007, Sutton, Altarriba, Gianico, & Basnight-Brown, 2007). En tareas de memoria las palabrotas se recuerdan mejor, independientemente de la lengua en la que se escuchen (Aycicegi-Dinn &, Caldwell-Harris, 2009). Entender el nivel de emoción en una segunda lengua tiene importancia cuando hablamos con alguien que ha aprendido esa lengua de mayor o que no tiene mucha fluidez.

Yo soy un ejemplo claro de bilingüe tardío, ya que no aprendí inglés hasta los veintiún años, y cuando conocí a Dave mi inglés era bastante malo (una de mis bromas favoritas es que nos enamoramos porque no teníamos ni idea de lo que el otro decía…). Cuando Dave me dijo “Te Quiero” en español si que lo sentí de verdad, e inmediatamente le contesté “I Love You Too.”  

Datos personales

Mi foto
Sara Incera obtuvo la Licenciatura en Psicología en la Universidad de Salamanca, el Doctorado en Psicología en la Cleveland State University, y actualmente reside en Lexington (EEUU) donde trabaja como profesora universitaria en la Eastern Kentucky University.

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