Los viernes por la tarde suelo hablar con mis padres. A veces es la primera
vez que hablo en español en toda la semana, y la verdad es que hay días que “se
me lengua la traba” (se me traba la lengua). No ha sido siempre así, pero de un
tiempo a esta parte me he ido dando cuenta de forma gradual de que hay palabras
que se me atascan, principalmente palabras específicas sobre temas poco
frecuentes. ¿Qué le está pasando a mi español?
En un artículo que acaba de salir impreso (Incera & McLennan, 2018), mi mentor y yo medimos lo rápido que responde
la gente en cada una de sus lenguas. Los resultados del experimento indican que cuando el
contexto facilita una lengua, esta se procesa más rápido. Por ejemplo, si las
instrucciones y las opciones de respuesta están escritas en inglés, los
participantes contestan más rápido en inglés, independientemente de que su
lengua dominante sea el español. Cuando el contexto claramente enfatiza una de
las lenguas, la otra pasa a un segundo plano. Según la evidencia científica las
dos lenguas de un bilingüe están siempre activadas (Schwartz & Kroll, 2006), pero no tienen porqué estar activadas
al mismo nivel. De hecho, es normal que una lengua esté más presente en la
mente del hablante que la otra.
Estos efectos te pueden influenciar en poco tiempo. Después de volver de
pasar en España dos semanas, Dave fue a un Starbucks en medio de Kentucky y
dijo: “café solo, por favor.” En cuanto vió la cara de la chica rectificó
inmediatamente: “coffee, please.” Si pasas un tiempo inmerso en una lengua (o
si repites la misma frase todos los días) las palabras en ese idioma están muy
accesibles y te salen de forma casi automática. A mí después de pasar una
semana en Santander me vuelve la fluidez de siempre.
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jueves, 1 de febrero de 2018
lunes, 15 de enero de 2018
¿Cuándo prefieres leer en tu primera o segunda lengua?
Durante mi año en Irlanda me tiraba horas para
entender cada capítulo del libro que tenía que estudiar. Al volver a España me
sentí super inteligente, podía leer muchísimas más páginas en la mitad de
tiempo. Es interesante considerar la posibilidad de que la dificultad añadida
de estudiar en una lengua que no dominas del todo resulte en un esfuerzo que a
la larga pueda mejorar el aprendizaje. Sin embargo, si le preguntas a cualquier
estudiante deslomándose con el traductor, estoy convencida de que te diría que
prefiere estudiar en una lengua que conoce bien.
Se ha investigado si estudiar en tu primera o segunda
lengua afecta al aprendizaje. No hay diferencias cuando se evalúa a los alumnos
con preguntas de verdadero/falso (cuando hay que reconocer el material), pero en
preguntas de desarrollar (cuando hay que explicar el material) aquellos que han
aprendido un texto en su segunda lengua lo hacen peor (Vander Beken
& Brysbaert, 2017). Incluso después de 30 días sigue sin haber diferencias
cuando se usan preguntas de verdadero/falso (Vander Beken,
Woumans, & Brysbaert, 2017). Considerando estos resultados, parece más
adecuado evaluar a alumnos que tienen que estudiar en su segunda lengua con
exámenes de reconocimiento que con exámenes de desarrollar.
A estas alturas leo a la misma velocidad en inglés
que en español. Me gusta leer libros de psicología en inglés, porque hay
términos que a veces no tienen una traducción clara. Sin embargo, independientemente
de que la versión original sea en un idioma u otro, prefiero leer novelas en
español. Estas navidades he leído Origen (Dan Brown), Una Columna de Fuego (Ken
Follett), y Los Pacientes del Doctor García (Almudena Grandes), siempre la
versión en español que me permite meterme más en la historia. Leer en un idioma
u otro es una elección personal.
lunes, 1 de enero de 2018
¿Qué hacen bien y qué hacen mal los traductores automáticos?
Mi madre española (Maite) y mi suegra americana (Lori)
se comunican por WhatsApp. Maite no habla inglés y Lori no habla español, así
que cada una lo pone en su idioma y luego lo traducen. ¿Son correctas las
traducciones de Google? Cuando las frases son concretas (¡qué foto más bonita!)
la cosa va bien, pero con frases más abstractas (¡esto es la bomba!) la cosa se
complica.
Para que un ordenador aprenda a traducir, lo más
importante es tener muchos ejemplos. Es posible utilizar la puntuación BLEU (Papineni, Roukos, Ward,
& Zhu, 2002) para analizar con qué exactitud los ordenadores
traducen un texto en comparación con una traducción humana. El análisis de
sentimientos (Pang & Lee,
2008) es una técnica informática que permite al ordenador identificar si un
texto es positivo o negativo. Este análisis puede mejorar las traducciones
automáticas al proporcionar un contexto emocional al texto. Para mejorar la
calidad de estos procesos es importante tener muchos textos con una gran
variedad de expresiones lingüísticas (Boiy & Moens, 2009). Cuantos más textos traducidos correctamente tengamos,
más capaces van a ser los ordenadores de hacerlo bien.
Este blog se puede traducir al inglés haciendo clic
en la página con el botón derecho del ratón. Al traducir “Emociones en tu
segunda lengua ¿“I Love You” o “Te Quiero”?”, he notado que el
texto en inglés se refiere a la profesora Catherine como a él (en español “su”
es para hombre y mujer). Además, la expresión “¡No te da vergüenza!” es
traducida como “no te avergüences”, justo lo contrario de lo que quiere decir. Cuando
en mi clase de psicología del lenguaje explico expresiones coloquiales
españolas (“más cara que espalda” “ponerse las pilas” “tirar los tejos” “tomar
el pelo” “dar la lata”), mis alumnos americanos se “parten de la risa.” Estas
frases no se pueden traducir de forma literal, hay que traducir su sentido
figurado cosa que a los ordenadores les cuesta bastante.
Maite y Lori (que se llevan muy bien y son muy
entusiastas) ponen muchos signos de exclamación y sonrisas para enfatizar el
sentido del texto. Las frases
traducidas a veces suenan raras, pero en general es posible entenderlas. Gracias
a los traductores automáticos, dos personas que no hablan la misma lengua
pueden comunicarse (aunque para ser sinceros, lo que más hacen es compartir
fotos nuestras).
viernes, 1 de diciembre de 2017
¿Cuáles son los beneficios cognitivos de aprender una lengua informática?
En varias publicaciones he comentado que hablar más de una lengua tiene beneficios cognitivos (Incera & McLennan, 2016; Incera & McLennan, 2017). Cuando me pongo a hablar de bilingüismo, mi marido siempre me dice que él sabe más lenguas que yo. Dave es informático y sabe programar en VisualBasic.NET, HTML/CSS, Ruby, Batch, Powershell, TSQL/PLSQL, jQuery, Regex, and C#.NET. ¿Tiene beneficios cognitivos el conocer una o varias lenguas informáticas?
Según un meta-análisis citado más de 100 veces, estudiantes que tienen experiencia con una lengua informática tienen mejores resultados en test que miden habilidades cognitivas que aquellos que no han aprendido a programar (Liao & Bright, 1991). Aunque hay que tener cuidado de no sacar conclusiones precipitadas, la evidencia científica parece indicar que saber programar es beneficioso.
Un experimento interesante seria asignar de forma aleatoria a estudiantes a clases de informática, idiomas, o alguna otra cosa. De esta forma podríamos evaluar a los alumnos antes y después de cada clase y medir cuanto mejoran. Con este procedimiento se puede investigar empíricamente si las ventajas cognitivas de aprender una lengua extranjera y una lengua informática son equivalentes.
A día de hoy no sabemos la magnitud ni la duración de estos efectos. Además, la mayoría de estas investigaciones se han hecho en aulas. Sería importante investigar a programadores profesionales para evaluar si ciertas lenguas son más beneficiosas que otras, si influye el número de años programando o el número de lenguas usadas. Estas y otras cuestiones pueden ser contestadas de forma empírica.
Al parecer voy a tener que dar la razón a Dave. Aunque aún quedan algunas preguntas sin respuesta, es razonable concluir que aprender una lengua (extranjera o informática) es una buena idea. Resulta que saber programar en R (una lengua informática para análisis estadísticos) me va a venir mejor de lo que pensaba. Tanto desde el punto de vista profesional como cognitivo, es beneficioso saber distintas lenguas informáticas y extranjeras.
sábado, 18 de noviembre de 2017
Poesía en tu segunda lengua: ¿Sientes lo mismo?
Me encanta leer poesía,
desde Gloria Fuertes hasta Bécquer, incluyendo a Pablo Neruda y con una mención
especial a Rafael Alberti y sus poemas sobre el mar (yo también echo de menos
la costa). Además, me gusta escribir poesía, de pequeña hasta gané un concurso
de poesía con un poema sobre mi cole. Sin embargo, en inglés los poemas no me
dicen tanto, no me llegan tan adentro, no me inspiran como cuando leo poesía en
español. ¿Tiene la poesía la misma intensidad en tu segunda lengua?
David Hanauer da clases
a alumnos extranjeros y les enseña a leer y escribir poesía en inglés. Hanauer
(2012) anima a sus
estudiantes a escribir en inglés de forma autobiográfica, emocional y con
ejemplos personales. Después de analizar más de 800 poemas escritos por sus
alumnos, ha llegado a la conclusión de que escribir poesía en una segunda
lengua es posible. Según su análisis lingüístico, los alumnos extranjeros
incluyen en sus poemas más palabras emocionales (7%) que palabras neutras (3%),
lo que indica que son capaces de escribir con emotividad (de media el 5% de las
palabras escritas en novelas literarias son emocionales). Además, la poesía
escrita por alumnos extranjeros expresa su vida emocional. Hanauer (2001) recomienda leer
poesía a los alumnos que tienen un conocimiento de su segunda lengua un tanto
avanzado para (1) mejorar sus capacidades lingüísticas, y (2) mejorar su
conocimiento de la nueva cultura.
Se han investigado aspectos
lingüísticos, pero no está muy claro como la gente "vive" la poesía
en una segunda lengua. Para contestar a esta pregunta necesitamos hacer un
experimento. Primero tenemos que seleccionar a un grupo de bilingües (por
ejemplo, español e inglés) y asegurarnos de que la mitad son nativos de uno de
los idiomas y la otra mitad del otro. Después tenemos que seleccionar poemas en
los dos idiomas con distintos niveles de emocionalidad, y pedir a los
participantes que los evalúen para poder comparar. En mi opinión, la capacidad
para entender el poema va a ser equivalente en los dos grupos, pero la intensidad
de las emociones que les evoca la poesía va a ser distinta. Aunque todos evalúen
los mismos poemas, yo creo que los nativos españoles van a considerar los
poemas españoles como más emotivos, y los nativos ingleses van a considerar los
poemas ingleses como más emotivos.
¿Crees que pierdes algo
del poema cuando lo lees en tu segunda lengua? ¿Te evoca la poesía las mismas
emociones en todas tus lenguas? ¿Es una cuestión de práctica o depende de la época
de tu vida en la que aprendiste tu segunda lengua? Hasta ahora las
investigaciones se han centrado en la forma y el contenido del poema, yo creo
que es hora de investigar las emociones que la poesía genera en los lectores (para
más información lee: Emociones en tu segunda lengua ¿“I Love You” o “Te Quiero”?).
lunes, 6 de noviembre de 2017
Factores que no tienen nada que ver con el hablante influyen en tu evaluación de lo extranjero de su acento
Enseño estadística a
estudiantes de psicología. Lo curioso es que mis alumnos notan mi acento
español (en inglés) mucho más cuando les enseño conceptos complejos que cuando
les explico ideas sencillas. ¿Cambia tanto mi acento de una clase a otra? ¿Es
posible que la misma persona suene más o menos extranjera dependiendo de
factores que no tienen nada que ver con lo extranjero de su acento?
En un experimento que
acabamos de publicar (Incera, Shah, McLennan,& Wetzel, 2017), pusimos palabras grabadas por hablantes extranjeros (agua) al final de una frase previsible (se
bebió un vaso de… agua) y al final de
una frase sin sentido (se sentó a la sombra del… agua). Aunque la grabación era la misma, los oyentes evaluaron al
hablante como más extranjero cuando la frase no tenía sentido.
Además de conseguir que
un hablante suene más extranjero, también es posible hacer que suene más nativo.
Cuando los oyentes tienen que recordar una serie de números a la vez que
evalúan los acentos (una tarea que les mantiene ocupados), consideran las
mismas grabaciones de hablantes extranjeros como más nativas (Incera, Bonath,
& McLennan, en preparación).
Por último, el estado
de ánimo del oyente también puede influir en la evaluación de los acentos (Incera,
en preparación). En un análisis preliminar (esperamos completar el experimento en
el 2018), hemos visto que la misma grabación es evaluada como “menos extranjera”
cuando los oyentes están tristes (después de haber visto un video trágico) que
cuando están contentos (después de haber visto un video divertido).
Factores totalmente
independientes de los hablantes influyen en cómo de extranjeros los perciben
los oyentes. Todos tenemos un acento, lo que hace que sea nativo o no es la
forma en la que hablan la mayoría de las personan en un área concreta. Para
aquellos que, como yo, tienen un acento extranjero en uno de sus idiomas, es
importante saber cómo te perciben tus interlocutores.
domingo, 29 de octubre de 2017
Emociones en tu segunda lengua ¿“I Love You” o “Te Quiero”?
Nos conocíamos desde
hacía seis meses, era una mañana de verano y estábamos en los acantilados del
faro de Santander (mi ciudad natal). Se giró hacia mí, me miró a los ojos, y me
dijo “I Love You.” Yo sabía lo
que me estaba diciendo, lo que significaba para él,
pero la frase no me dijo nada. Entonces le pregunté ¿me lo puedes repetir en
español?
La profesora Catherine
Caldwell-Harris ha publicado diversos artículos en los que habla de cómo las
emociones asociadas con tu primera y tu segunda lengua pueden ser distintas. En
uno de sus estudios (Harris,
Aycicegi, Berko Gleason, 2003), midió la reacción emocional de los participantes
con unos electrodos que se ponen en la piel, y observó que los bilingües
reaccionan más a palabrotas y riñas (¡No te da vergüenza! ¡Vete a tu
habitación!) en su primera lengua. El lugar y el contexto en el que se aprende
una lengua (en casa o en el trabajo) tiene repercusiones a nivel emocional (Caldwell-Harris,
2015).
Se ha visto que los
efectos desaparecen en aquellos que han aprendido ambas lenguas de pequeños (Harris, 2004). También se
ha observado que gente bilingüe que habla muy bien sus dos lenguas tiene una
respuesta emocional parecida en ambas (Eilola,
Havelka, & Sharma, 2007, Sutton,
Altarriba, Gianico, & Basnight-Brown, 2007). En tareas de memoria
las palabrotas se recuerdan mejor, independientemente de la lengua en la que se
escuchen (Aycicegi-Dinn
&, Caldwell-Harris, 2009). Entender el nivel de emoción en una segunda
lengua tiene importancia cuando hablamos con alguien que ha aprendido esa lengua
de mayor o que no tiene mucha fluidez.
Yo soy un ejemplo claro
de bilingüe tardío, ya que no aprendí inglés hasta los veintiún años, y cuando
conocí a Dave mi inglés era bastante malo (una de mis bromas favoritas es que
nos enamoramos porque no teníamos ni idea de lo que el otro decía…). Cuando
Dave me dijo “Te Quiero” en español si que lo sentí de verdad, e inmediatamente le contesté “I Love You Too.”
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Datos personales
- Sara Incera
- Sara Incera obtuvo la Licenciatura en Psicología en la Universidad de Salamanca, el Doctorado en Psicología en la Cleveland State University, y actualmente reside en Lexington (EEUU) donde trabaja como profesora universitaria en la Eastern Kentucky University.
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